Por Carol Glatz CIUDAD DEL VATICANO (CNS) – La falta de fe en Cristo conduce a muchas ilusiones, como creer que los arrogantes siempre gobernarán y que solo el dinero puede comprar la felicidad, afirmó el Papa León XIV. Las bienaventuranzas, que muestran cómo amar como lo hace Cristo, “son para nosotros una prueba de la felicidad, llevándonos a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la reponemos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan”, dijo el Papa el 1 de febrero. “Las Bienaventuranzas elevan a los humildes y dispersan a los soberbios de corazón”, afirmó. Antes de rezar el Ángelus con los visitantes en la Plaza de San Pedro, el Papa reflexionó sobre la lectura del Evangelio del día: las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña de Jesús, que comienzan con “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, según el Evangelio de San Mateo (5:1-12).
El Papa León XIV saluda a la gente durante el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro del Vaticano, el 1 de febrero de 2026. (Foto CNS/Matteo Pernaselci, Vatican Media)
Las bienaventuranzas, que destacan a los humildes para el favor de Dios, “son una paradoja sólo para quien considera que Dios es diferente de como Cristo lo revela”, dijo el Papa León. Por ejemplo, dijo el Papa, “quien espera que los prepotentes sean siempre dueños de la tierra, permanece sorprendido ante las palabras del Señor. Quien está acostumbrado a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podría creer que Jesús sea un iluso”. “Y, en cambio, la ilusión está precisamente en la falta de fe en Cristo; Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en cruz”, dijo. Jesús muestra que la historia “no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos”, dijo el Papa León. “El Hijo mira al mundo con el realismo del amor del Padre”. Dijo que los fieles no deben seguir a los “profesionales de la ilusión” de hoy, como dijo el Papa Francisco, porque “son incapaces de darnos esperanza”. En cambio, Dios da esperanza “sobre todo a quien el mundo descarta como desesperado”. De hecho, es gracias a Cristo “que la amargura de las pruebas se transforma en la alegría de los redimidos”, dijo el Papa León. “Jesús no habla de una consolación lejana, sino de una gracia constante que nos sostiene siempre, sobre todo en la hora de la aflicción”.
Por Obispo Joseph R. Kopacz, D.D. En enero de 2026, la Coordinación de Tierra Santa realizó su misión anual a la tierra santificada por la presencia encarnada del Señor hace casi dos mil años. Esta iniciativa, promovida por el Vaticano al comienzo del tercer milenio, busca profundizar la relación entre las comunidades cristianas de Palestina e Israel y las Conferencias Episcopales Católicas de Europa, las Islas Británicas, Canadá y los Estados Unidos. Sus pilares fundamentales son la peregrinación, la oración, la presencia y la presión o persuasión. El tema de 2026 fue: Una tierra de promesa – encuentro y diálogo con pueblos de esperanza. La peregrinación incluyó una visita a la Iglesia del Santo Sepulcro, donde celebramos la Eucaristía en la tumba del Señor durante dos días consecutivos. Fue allí donde amaneció por primera vez la Resurrección, cuando el Señor Jesús resucitado bendijo a hombres y mujeres con la esperanza y la paz que el mundo no puede dar y por las que Tierra Santa tiene hambre y sed. La Eucaristía fue el corazón de cada jornada y adquirió un significado especial al ser celebrada junto a comunidades de profundas raíces bíblicas. Esta peregrinación no se centró en los sitios tradicionales de la vida, muerte y resurrección del Señor, sino en la experiencia de lo sagrado cada vez que el pueblo de Palestina y Jerusalén nos abrió su corazón y su hogar con una hospitalidad generosa y sincera.
El obispo Joseph Kopacz se inclina para atravesar una puerta antes de la Misa en la tumba del Señor, en la Iglesia del Santo Sepulcro, durante la peregrinación de la Coordinación de Tierra Santa, realizada por diversas Conferencias Episcopales Católicas de Europa, las Islas Británicas, Canadá y los Estados Unidos. (Fotos por Marcin Mazur/Catholic Church of England and Wales)
Junto con la peregrinación y la oración, otro pilar esencial de la Coordinación de Tierra Santa es la presencia. Cada encuentro con comunidades diversas y marginadas fue una oportunidad para escuchar sus relatos de sufrimiento cotidiano y, al mismo tiempo, ser testigos de su firme determinación de no renunciar a la esperanza de una vida con dignidad y paz. Nuestra presencia fue un abrazo de esperanza y una señal clara de que no han sido olvidados. ¿Quiénes son hoy los marginados en Palestina e Israel, cuyas voces apenas se escuchan en medio del estruendo de la guerra y la devastación en Gaza, desatada tras el atroz acto de terrorismo del 7 de octubre de 2023? Al comenzar nuestro recorrido, nos reunimos con una comunidad beduina visible desde la carretera que conduce de Jerusalén a Jericó. Su modo de vida ancestral se ve amenazado a diario por la intimidación y la violencia de colonos judíos extremistas que buscan expulsarlos de sus tierras. Aunque estas tribus recurren a los canales legales para defender sus derechos, sus voces rara vez son escuchadas. El tiempo compartido en diálogo y en una comida tradicional fue una afirmación de su dignidad y un gran regalo para todos. En Cisjordania, muchas comunidades palestinas viven bajo una presión constante para abandonar las tierras heredadas de sus antepasados. Visitamos Taybeh, una comunidad cristiana de aproximadamente 1,300 habitantes que lucha por su supervivencia. Tras celebrar la Misa dominical, escuchamos a los ancianos relatar cómo esta realidad ha provocado la migración forzada de casi el 90 % de sus familiares y vecinos. La destrucción de olivos, el robo de ganado y la confiscación de tierras han creado un clima permanente de miedo. En el contexto actual, sus voces siguen siendo ignoradas. La experiencia de Taybeh refleja la alarmante disminución de la población cristiana en Tierra Santa. Quienes permanecen lo hacen con paciencia y perseverancia, sostenidos por la solidaridad de quienes emigraron y por su profundo amor a la tierra ancestral. La valentía y la esperanza se renuevan con visitas como la nuestra. Al dejar Cisjordania, visitamos el Vicariato de Santiago del Patriarcado Latino, formado por cristianos católicos de habla hebrea en Israel. Esta pequeña minoría vive pacíficamente en barrios judíos de Jerusalén y trabaja incansablemente para transmitir la fe a las nuevas generaciones y servir a migrantes católicos que llegan al país. Tuvimos el privilegio de una extensa visita con el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, quien compartió su profunda esperanza en el regreso de los peregrinos a los lugares santos, ya que la población local sufre gravemente en su ausencia. Durante nuestra estancia, escuchamos por videoconferencia al padre Gabriel Romanelli, párroco de la parroquia Sagrada Familia en Gaza. Compartió la devastación cotidiana causada por la guerra y la urgente necesidad de alimentos, medicinas y agua. Cada día sin ayuda, afirmó, pone en riesgo la vida de los más vulnerables. Personas de buena voluntad esperan, contra toda esperanza, que el camino hacia la paz se consolide y que las armas sean finalmente silenciadas.
En el primer día de la peregrinación de la Coordinación de Tierra Santa, el obispo Joseph Kopacz y otros participantes visitan una comunidad beduina cerca de Jerusalén, donde niños del lugar juegan con una pelota en la ladera, reflejando el ritmo de la vida cotidiana en medio de desafíos constantes.
Otro aspecto fundamental de la peregrinación fueron los encuentros con quienes trabajan por la reconciliación, la justicia y la paz. En un contexto donde los pacificadores suelen ser desacreditados, el testimonio del Centro Rossing para la Educación y el Diálogo, de Rabinos por los Derechos Humanos y del Foro Círculo de Padres – integrado por palestinos e israelíes que han perdido hijos a causa de la violencia – fue una luz de esperanza. Contra toda expectativa, perseveran en la formación de jóvenes y en la construcción de un futuro más humano. La peregrinación concluyó en Belén, donde la población cristiana ha disminuido drásticamente. Visitamos una escuela para personas sordas, la Fundación San Juan Pablo II y el seminario del Patriarcado Latino, recientemente reabierto. En estos espacios educativos, la esperanza se refleja en los rostros de niños, jóvenes y futuros sacerdotes, sostenidos en gran parte por la generosidad de cristianos de otras regiones. Para concluir, cada noche los obispos y colaboradores nos reuníamos para la reflexión, el diálogo y la oración. De ese discernimiento nació una declaración conjunta que será difundida por nuestras Conferencias Episcopales y diócesis, poniendo en práctica el cuarto pilar de la Coordinación de Tierra Santa: la presión y la persuasión. Que las semillas sembradas por esta peregrinación solidaria en una tierra profundamente herida den fruto abundante de justicia y de paz.
Por Junno Arocho Esteves (OSV News) – A primera vista, la foto oficial del venerable Augusto Ramírez Monasterio – conocido simplemente como “Fray Augusto” – muestra a un fraile franciscano sonriente de pie en un pequeño jardín, con las manos juntas y ligeramente ocultas dentro de las mangas de su hábito marrón. Sin embargo, el comportamiento alegre y tranquilo del fraile ocultaba los horrores a los que fue sometido antes de su martirio en 1983, reconocido por el papa León XIV el 22 de enero. De hecho, la foto fue tomada en junio de 1983, momentos después de que él soportara horas de tortura a manos de los militares. En una entrevista con OSV News el 29 de enero, el padre franciscano Edwin Alvarado, vicepostulador de la causa de canonización del padre Augusto, dijo que antes de su liberación, sus torturadores lo obligaron a firmar un documento en el que afirmaba que había sido “bien tratado” y “solo interrogado”. La foto oficial “fue tomada después de su tortura”, dijo el padre Alvarado. “Querían tomarle algunas fotos, así que él fue y se colocó las manos dentro del hábito para que no se vieran las quemaduras que tenía en ellas”.
El Venerable Augusto Ramírez Monasterio aparece en una fotografía tomada instantes después de su liberación, tras haber soportado horas de tortura a manos del ejército en junio de 1983. Sus torturadores lo obligaron a firmar un documento en el que afirmaba haber sido “bien tratado”, según informó el vicepostulador de su causa. El papa León XIV reconoció el martirio de fray Augusto el 22 de enero de 2026. (Foto de OSV News / cortesía del padre franciscano Edwin Alvarado Segura)
El vicepostulador dijo a OSV News que encontró la foto y su origen mientras recopilaba información sobre la vida del padre Augusto. Inmediatamente la envió al padre franciscano Giovangiuseppe Califano, postulador general que supervisa las causas de beatificación y canonización dentro de la orden franciscana. Al recibir la foto, el padre Califano dijo: “No hay mejor foto que esa, que muestra lo que había sucedido”, recordó el padre Alvarado. El padre Alvarado, originario de Costa Rica, recordó su llegada a Guatemala en noviembre de 1983 como postulante, o candidato a la orden franciscana. “Cuando llegué al aeropuerto – tenía 17 años, era solo un niño–, el hombre que abrió mi maleta vio el hábito religioso y me dijo: “Esto lo vas a pagar con tu vida””. No lo entendí porque en mi país, Costa Rica, no existía ese tipo de hostilidad”, contó a OSV News. Solo unos días después, el 7 de noviembre, se enteró de que habían asesinado a un sacerdote. “No lo conocía… y era el decimotercero al que mataban”. Era el padre Augusto. Nacido el 5 de noviembre de 1937 en la ciudad de Guatemala, el futuro franciscano estudió en Nicaragua y España, donde fue ordenado en 1967. Regresó a Guatemala para servir como párroco de San Francisco el Grande en Antigua Guatemala, dedicando su ministerio a los jóvenes y los pobres durante la brutal guerra civil de 36 años que vivió el país. Según el padre Alvarado, los testigos de la época recuerdan a “Fray Augusto” como un hombre alegre que se dedicaba incansablemente a los jóvenes y a los que sufrían en Guatemala. Como músico talentoso, enseñaba “solfa”, una técnica de canto, lo que le permitía conectar con los jóvenes a través de la música. El padre Alvarado dijo a OSV News que los feligreses de San Francisco El Grande, especialmente los miembros del coro de la iglesia, recordaban el carácter jovial del sacerdote franciscano y su afición a hacer bromas. “Hay una historia sobre un miembro del coro que siempre molestaba a la gente. Se llamaba Francisco, pero todo el mundo lo llamaba (por su apodo) Paco. Y el padre Augusto lo llamaba “Paco Satanás””, recordó el vicepostulador. “Ese hombre aún lo recuerda hoy en día y dice: “Ese es el apodo que me puso el padre (padre Augusto). Solía decir que yo era el único Satanás que trabajaba en la Iglesia””, contó el padre Alvarado. Sin embargo, no solo era conocido por su descarado sentido del humor. Los recuerdos más entrañables que muchos testigos contaron al padre Alvarado eran de cómo el sacerdote franciscano visitaba a los enfermos en sus casas o en el hospital a cualquier hora. Pero por lo que más se le conocía era por el tiempo que pasaba en el confesionario, a veces durante horas, atendiendo a quienes buscaban el sacramento de la reconciliación. “Recientemente, encontré el testimonio de un fraile que decía que el padre Augusto hacía de todo en el ministerio pastoral: como párroco, como superior, pero donde pasaba más tiempo era sentado en el confesionario”, dijo el padre Alvarado, añadiendo que en Guatemala, especialmente los domingos, las confesiones comenzaban a las 6:30 de la mañana y, salvo las pausas para ir al baño o almorzar, los sacerdotes se quedaban hasta última hora del día confesando. Lamentablemente, el padre Alvarado dijo a OSV News que la tortura y el posterior martirio del padre Augusto no se debieron a sus obras de caridad o a su ministerio con los jóvenes, sino específicamente a su fidelidad al secreto de confesión. Los acontecimientos que condujeron a su muerte comenzaron en junio de 1983, cuando un antiguo líder guerrillero, que esperaba aceptar una oferta de amnistía del gobierno, acudió al padre Augusto para confesarse. Con el deseo de ayudar al hombre a reintegrarse en la sociedad, el sacerdote franciscano lo acompañó al municipio para obtener una tarjeta de identificación. Sin embargo, las autoridades municipales reconocieron al hombre por sus actividades pasadas y alertaron a la policía, que llegó y detuvo al padre Augusto, al hombre y a sus tres hijos, que lo acompañaban. Luego fueron entregados a los militares, relató el padre Alvarado. A pesar de las súplicas del hombre para que los soldados liberaran a sus hijos y al padre Augusto, los soldados llevaron al sacerdote a una habitación aparte, le vendaron los ojos y le ataron las manos. “Fue allí donde lo torturaron para que “dijera la verdad” y afirmara que el hombre pertenecía a un grupo paramilitar”, explicó el padre Alvarado. “El padre Augusto les dijo: “Fue una confesión, no puedo hablar de ello”. Entonces lo torturaron; le quemaron las manos, las plantas de los pies y otras partes del cuerpo”. Aunque fue liberado después de posar para la foto y firmar el documento en el que aseguraba que había sido bien tratado, desde ese momento, el padre Augusto fue condenado a muerte por el gobierno. El gobierno guatemalteco lo siguió durante meses y recibió amenazas de muerte, y el 7 de noviembre de 1983, fray Augusto fue secuestrado, torturado y, en un intento de fuga, fue asesinado a tiros por agentes de policía leales al gobierno. Para el padre Alvarado, ese momento en junio en el que el padre Augusto se negó a divulgar la confesión del hombre es el núcleo de su martirio: su disposición a sufrir tortura física antes que violar la seguridad espiritual de un penitente. “Para nosotros, los sacerdotes, y para el pueblo, dice mucho sobre cómo un sacerdote puede guardar la confesión hasta el punto de dar su vida”, declaró el padre Alvarado a OSV News. “Esto no hace más que reforzar el sacramento de la confesión”. A través de su tortura y muerte, dijo, “Fray Augusto nos ha dicho que debe ser así; eso es lo que vale el secreto de confesión”. Una vez confirmada su beatificación, el padre Alvarado declaró a OSV News que le sorprendió una coincidencia providencial mientras se discutían las posibles fechas entre la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala, el Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano y el postulador general franciscano. “Para estas celebraciones, suelen pedir que sea un sábado, no un domingo, para que pueda asistir la mayoría del clero”, explicó. Sin embargo, el padre Alvarado señaló que el calendario ya estaba lleno de otros eventos eclesiásticos, incluidas beatificaciones en Estados Unidos e Italia. Al revisar las fechas disponibles en el año, el padre Alvarado se sorprendió al descubrir que el único sábado disponible era el 7 de noviembre, el mismo día del martirio del padre Augusto. “No sé cómo sucedió, pero es sábado. Así que confirmamos la fecha con (el arzobispo Gonzalo de Villa y Vásquez)”, que será el 43.º aniversario de su martirio, dijo el padre Edwin. El avance de la causa de fray Augusto se produjo mientras la Iglesia universal celebraba el Día Mundial de la Vida Consagrada el 2 de febrero. En una carta enviada el 29 de enero a los religiosos y religiosas, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica animó a los consagrados, señalando que están llamados a ser una “presencia que permanece” junto a los pueblos y las personas heridas, en lugares donde el Evangelio se vive a menudo en condiciones de fragilidad y prueba”.
Por Junno Arocho Esteves (OSV News) – El Papa León XIV ha proclamado un año jubilar especial que coincide con el 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís. La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede, un tribunal del Vaticano que se ocupa de asuntos de conciencia, emitió un decreto publicado por los frailes franciscanos el 10 de enero, en el que se declara un año de celebración en honor al Poverello, o el Pequeño Pobre. Según el decreto, el Papa León ha establecido que, desde el 10 de enero, tras la clausura del Año Santo de la Iglesia, hasta el 10 de enero de 2027, se proclame un Año especial de San Francisco, en el que cada cristiano, “siguiendo el ejemplo del santo de Asís se convierta en modelo de santidad de vida y testigos constantes de la paz”.
Una estatua de San Francisco de Asís se ve en un jardín en Austin, Texas, el 9 de septiembre de 2021. (Foto OSV News/Bob Roller)
Teniendo en cuenta las anteriores celebraciones jubilares relacionadas con las obras de San Francisco de Asís, como las conmemoraciones del octavo centenario del primer belén (también llamado pesebre o nacimiento), así como su composición del “Cántico de las criaturas” y la recepción de los estigmas, el decreto afirma que “el año 2026 marcará la culminación y conclusión de todas las celebraciones anteriores”. En su decreto, la Penitenciaría Apostólica también anunció que se concederán indulgencias plenarias a los católicos “en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio”. La indulgencia se concederá a quienes participen en una peregrinación a “cualquier iglesia conventual franciscana, o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco o relacionado con él por cualquier motivo”, según se indica. Los enfermos, los ancianos, y quienes los cuidan, así como todos los que no puedan salir de sus hogares también pueden obtener una indulgencia plenaria, “siempre que se desprendan de cualquier pecado” y tengan la intención de cumplir lo antes posible “las tres condiciones habituales”, “si se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares del Año de San Francisco, ofreciendo al Dios misericordioso sus oraciones, los dolores o los sufrimientos de su vida”. En un comunicado en el que se anunciaba la promulgación del decreto, los frailes franciscanos invitaron a los católicos a participar en las celebraciones jubilares y expresaron su esperanza de que el ejemplo de San Francisco de Asís inspirara a los participantes “a vivir con auténtica caridad cristiana hacia el prójimo y con sinceros anhelos de concordia y paz entre los pueblos”. Que este año Franciscano “sea para cada uno de nosotros una ocasión providencial de santificación y de testimonio evangélico en el mundo contemporáneo, para gloria de Dios y bien de toda la Iglesia”, se lee en el comunicado. En una carta del 10 de enero dirigida a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, el Papa León dijo que el mensaje de paz de San Francisco era más necesario que nunca. “En esta época, marcada por tantas guerras que parecen interminables, por divisiones internas y sociales que crean desconfianza y miedo, él sigue hablando. No porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz”, escribió el Papa. Esa paz, añadió el Papa, “no se limita a las relaciones entre los seres humanos, sino que abarca toda la creación”, sino que se extiende a “toda la familia de la Creación”. “Esta intuición resuena con especial urgencia en nuestro tiempo, cuando la casa común está amenazada y gime bajo la explotación”, escribió. “La paz con Dios, la paz entre los seres humanos y con la Creación son dimensiones inseparables de una única llamada a la reconciliación universal”. El Papa León concluyó su carta con una oración a San Francisco, pidiendo la intercesión del santo para que nos conceda “el coraje de construir puentes allí donde el mundo levanta fronteras”. “En este tiempo afligido por conflictos y divisiones, intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz: testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo”, escribió el Papa. La carta del Papa fue leída durante una celebración el 10 de enero que marcó el inicio del Año Jubilar Franciscano en la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, que alberga la Capilla del Tránsito, que marca el lugar donde murió San Francisco. El arzobispo Domenico Sorrentino de Asís, que estuvo presente en la ceremonia, dijo que el inicio de la celebración del centenario fue “una explosión de verdadera alegría” que brota del corazón y “del compromiso de cada uno de nosotros por redescubrir a Francisco en todas sus dimensiones”. “El deseo que tengo para todos y para toda la Iglesia es redescubrir a este santo nuestro, redescubrir a Jesús, única fuente de alegría y paz”, dijo el obispo. Entre los eventos notables que tendrán lugar en Asís durante el Año Jubilar Franciscano se encuentra la primera exposición pública del cuerpo de San Francisco. En octubre, la Basílica de San Francisco anunció que el Papa León había concedido permiso para exponer el cuerpo del santo del 22 de febrero al 26 de marzo. Según el sitio web de la basílica dedicado a este acontecimiento histórico, hasta diciembre se habían inscrito unos 250.000 peregrinos para venerar los restos de San Francisco. El abrumador número de personas que acudirán a la exposición pública, según la basílica, es un testimonio de “la universalidad del mensaje del santo de Asís y el atractivo atemporal de su figura”. Se ha creado un sistema de reserva en línea gratuito pero obligatorio en el sitio web del centenario, disponible en italiano y en inglés.
(Junno Arocho Esteves es corresponsal internacional de OSV News. Síguelo en X @jae_journalist.)
MADISON – Older toddlers at the Early Learning Center at St. Francis of Assisi in Madison sit together during a classroom activity. (Photo courtesy of school)MADISON – Seniors McKenzie Cummings and Thierry Freeman, both students at St. Joseph Catholic School in Madison, anchor the award-winning, student-produced weekly newscast Bruin News Now on location in Nashville. Junior Jason Buckley mans the camera. Cummings, Freeman and Buckley were among a group of St. Joseph journalism students who attended the national high school journalism convention sponsored by the Journalism Education Association and the National Scholastic Press Association Nov. 13–16. (Photo courtesy of school)MERIDIAN – Eric Yoeun, left, and Maura Lane Owen, first-grade students at St. Patrick School, practice the Mass on Nov. 11, 2025. (Photo courtesy of school)VICKSBURG – St. Al Senior Briley Lott reads with her kindergarten buddy, Rykira Bradford, during a fall buddies gathering. (Photo courtesy of school)NATCHEZ – Senior Grayson Gay and first-grade student Noah Loyed play bingo together at Cathedral School. (Photo courtesy of school)CLARKSDALE – First-grade students at St. Elizabeth School pose with members of the Clarksdale Fire Department during a Blue Mass on Sept. 11, offering prayers for first responders and all who help keep the community safe. (Photo courtesy of school)GREENVILLE – St. Joseph High School students John Paul Rogers, Jacob Powers, Santo Borganelli and Jada Hicks take notes during a music appreciation class. (Photo courtesy of school)SOUTHAVEN – Students at Sacred Heart School participate in the opening procession for the celebration of Mass, with Ben Baskin serving as cross bearer alongside altar servers Michael Lickteig, left, and Gustavo Bermudez. (Photo courtesy of school)HOLLY SPRINGS – Holy Family School students engage in hands-on coding activities as part of a classroom lesson. (Photo courtesy of school)MADISON – St. Anthony School fifth-grade students Josephine Klar and Patrick Harris conduct a chlorophyll experiment during a science class in Mrs. Moorehead’s laboratory on Sept. 11. This moment reflects school community because curiosity, collaboration and inquiry are at the heart of St. Anthony’s learning and STEM centered curriculum. (Photo courtesy of school)JACKSON – Charles Speech walks with students at Sister Thea Bowman Catholic School, including Haniel and Hanry Chia, Ja’Kayla Davis, Eliel Cattenhead and Zachary Gordon. (Photo courtesy of school)JACKSON – Students at St. Richard Catholic School present a whole-school Advent program directed by Andrew Ladd on Dec. 19. (Photo courtesy of school)COLUMBUS – James Thomas, a student at Annunciation School, looks through a microscope during an ACS STREAM Day activity. Students rotate through hands-on stations, including examining cheek cells under a microscope. (Photo courtesy of school)
FAITH IN EDUCATION By Joni House As I reflect on the first semester, I am grateful for the time spent simply being present in our schools and early learning centers. There is something powerful about walking into a classroom, standing in a hallway, or sharing a brief conversation, moments that quietly remind you why Catholic education matters so deeply. These experiences have reinforced an important truth: the heart of our schools cannot be understood from a distance. It is found in the daily faithfulness of faculty and staff, the curiosity of students, and the steady leadership of those who serve our communities with care and conviction. Presence allows us to see, to listen, and to appreciate the quiet work that so often goes unnoticed. Being in our schools has also deepened my understanding of our shared culture. While each community is unique, all are united by a common mission to foster disciples and pursue excellence in a Christ-centered environment. That mission is strengthened when we walk together, supporting one another through both moments of joy and seasons of challenge.
Our early learning centers, in particular, remind us that Catholic education begins long before a child enters a traditional classroom. These spaces are where trust is built, faith is gently introduced, and the foundation for lifelong learning is formed. Christ led by walking with His people, meeting them where they were. In that same spirit, I remain committed to being present, listening with intention, and accompanying our school communities. As we continue the school year, I return often to our theme rooted in John 10:27: “My sheep hear my voice; I know them, and they follow me.” Being present in our schools has reminded me that listening comes first. When we take the time to truly hear one another, to know our students, our educators, and our communities, we lead with greater clarity, compassion and purpose. It is through this listening and accompaniment that the culture of Catholic education is strengthened and our mission continues to unfold.
(Joni House is the executive director of Catholic Schools for the Diocese of Jackson.)
(OSV News) — Since 2022, there has been a steady flow of harrowing images and videos of killings, war and destruction from the Holy Land, beginning with the Oct. 7, 2023, attack by Hamas, followed by Israel’s war on Gaza.
That, coupled with reported attacks on Christians in the West Bank by Jewish settlers, has led the land known as “The Fifth Gospel” to be nearly empty of pilgrims over the last two years.
Although a ceasefire agreement has been in place since October, Israel launched a deadly strike on Gaza Jan. 31 that killed over 30 people, threatening an already shaky detente.
On Feb. 3, only a handful of sick and wounded Palestinians from Gaza were allowed to cross to Egypt after the Rafah border crossing reopened for the movement of people — it was closed in May 2024.
Nevertheless, in early January, Franciscan Father Francesco Ielpo, custos of the Holy Land, urged pilgrims to return not only as an opportunity to be where Christ was, but also as a sign of solidarity with Christians in the area whose livelihoods depend on pilgrims.
Meeting with pilgrims from Rome Jan. 7 at the Franciscan headquarters in Jerusalem, Father Ielpo said the presence of Christians from around the world visiting the Holy Land “generates hope and strengthens the reason for coming here — not to see a museum, but to encounter a living Church.”
Father Ielpo said he is often asked by many how “to help this land and these peoples.”
The most helpful thing, he said, according to Vatican News, was to “return as pilgrims to this land.”
Pilgrimages are “one of the principal sources of economic support, primarily — but not only — for the local Christian community,” he added.
For Michael Kelly, director of public affairs for Aid to the Church in Need Ireland, pilgrims should consider Father Ielpo’s appeal because he, like many men and women religious in the Holy Land, understands “the reality on the ground, and they would not invite pilgrims there if the situation was unsafe.”
While the ceasefire in Gaza is fragile, “around Jerusalem, Bethlehem, Nazareth and the Sea of Galilee the situation is safe,” Kelly said in a Jan. 28 email to OSV News.
Kelly, who said he has led dozens of group pilgrimages to the Holy Land over the past 20 years, urged pilgrims on the fence about visiting to “leave the hesitation at the door, because it is not outsiders telling people to come, it is the people who live the reality every single day who are asking pilgrims to come.”
“Even before the current war, people had a perception that the Holy Land is unsafe,” he said. “I used to say to people, take the words of Jesus to heart ‘come and see’ — and I can tell you honestly, of the 6,000 or so pilgrims I have brought to the Holy Land, not one said they were concerned or worried once they were there.”
With religious tourism slowing to a trickle, he lamented, Christians in Bethlehem and Jerusalem are reaching a breaking point, both economically and mentally.
“They are suffering isolation and hardship because pilgrims have not come in over two years,” he told OSV News. “They want people to come back, but not just for their material benefit (which is important) but because they want to share their lives of faith with Christians from all over the world.”
“Many of the workers in the hotels and restaurants are Christians, and by patronising these businesses we are helping Christians to survive,” he added.
According to a report by the U.S. State Department, Christian clergy and pilgrims are facing increased harassment, including incidents of spitting and verbal assault by ultra-Orthodox extremists.
Asked how one reconciles the spiritual call to return with the physical reality of rising hostility on the streets, Kelly acknowledged that authorities in Jerusalem must do more to ensure that pilgrims “do not have negative experiences.”
“Jerusalem is a holy city for Jews, Christians and Muslims. All of these believers must be allowed to be free to exercise their faith in the city,” he said, noting that rabbis in Jerusalem denounced Jewish extremists for their harassment, which is “not in keeping with authentic Judaism.”
“I have to say, any time I have witnessed an incident and I have reported it to the Israeli police, they took action immediately,” he said. “This hostility on the streets comes from a very small but vocal faction, and it is necessary for Israeli leaders and politicians to denounce it.”
Kelly also told OSV News that when such incidents occur on pilgrimages he has led, he tells pilgrims, “This is how it was. The Lord did not have a sanitized walk to Calvary; try to enter more deeply into his passion with this very small experience of adversity.'”
“The streets of Jerusalem were hostile on that first Good Friday, when the Lord carried his cross,” he said. “Who are we to expect anything less?”
Nevertheless, the images of war and death remain the biggest hurdle in convincing pilgrims to return.
“People are rightly greatly troubled by the huge loss of life and the intensity of the violence,” Kelly said. While noting that major pilgrimage stops, such as Jerusalem, Bethlehem, Nazareth, the Sea of Galilee, Capernaum and the Jordan River are safe, he urged pilgrims to overcome their fear by visiting the Holy Land, deepening their faith, and supporting the local Christian community.
“Many Christians are leaving — they see little hope,” he said. “They have not seen Christians from other parts of the world in over two years, (and) they begin to think that they are forgotten about.”
“We have to help Catholics around the world understand that the importance of the Holy Land lies not just in the ancient sites there, but in the life of the local Christians descended from the first followers of Jesus,” Kelly told OSV News.
“My hope is that every Catholic parish in the world will give serious consideration to organizing a pilgrimage to the Holy Land, not only to see the holy sites associated with Jesus, but to be with the local Christian community — to show them that they are really part of the body of Christ, and we will support them,” he said.
(Junno Arocho Esteves is an international correspondent for OSV News. Follow him on X @jae_journalist.)
(OSV News) — At first glance, the official photo of Venerable Augusto Ramírez Monasterio — known simply as “Fray Augusto” — shows a smiling Franciscan friar standing in a small garden, hands clasped and slightly hidden within the sleeves of his brown habit.
Yet the joyful and peaceful demeanor of the friar masked the horrors he was subjected to before his 1983 martyrdom, which was recognized by Pope Leo XIV Jan. 22.
The photo, in fact, was taken in June 1983, moments after he endured hours of torture at the hands of the military.
Venerable Augusto Ramírez Monasterio is seen in a photo taken within moments of his release after he endured hours of torture at the hands of the military in June 1983. His torturers forced him to sign a document stating he had been “treated well,” the vice postulator of his cause said. Pope Leo XIV recognized Fray Augusto’s martyrdom Jan. 22, 2026. (OSV News photo/courtesy Franciscan Father Edwin Alvarado Segura)
In an interview with OSV News Jan. 29, Franciscan Father Edwin Alvarado, vice postulator of Father Augusto’s sainthood cause, said that before his release, his torturers forced him to sign a document stating he had been “treated well” and “only interviewed.”
The official photo “was taken after his torture,” Father Alvarado said. “They wanted to take some photos of him, so he went and placed his hands in his habit so as not to see the burns on his hands.”
The vice postulator told OSV News that he came across the photo and its origin while gathering information on Father Augusto’s life. He immediately sent it to Franciscan Father Giovangiuseppe Califano, the postulator general who oversees the causes of beatification and canonization within the Franciscan order.
Upon receiving the photo, Father Califano said, “There is no better photo than that one, which shows what had happened,” Father Alvarado recalled.
At that time, Guatemala was in the grip of a brutal internal conflict where the Catholic Church frequently became a target of state-sponsored violence, especially under Guatemalan President Efraín Ríos Montt.
Upon seizing power in a 1982 military coup, Ríos Montt oversaw, in his brief one-year tenure, the killing of the Indigenous Mayan population. Catholic priests and nuns were also targeted for their support of the Mayan people.
Father Alvarado, who hails from Costa Rica, recalled his arrival in Guatemala in November 1983 as a postulant, or a candidate for the Franciscan order.
“When I arrived at the airport — I was 17 years old, just a kid — the man who opened my suitcase saw the religious habit and said, ‘Here, you pay for this with your life.’ I didn’t understand because my country, Costa Rica, didn’t have this sort of hostility,” he told OSV News.
It was just a few days later, on Nov. 7, when he heard the news that a priest had been killed. “I didn’t know him … and it was the 13th one they had killed.”
It was Father Augusto.
Born Nov. 5, 1937, in Guatemala City, the would-be Franciscan studied in Nicaragua and Spain, where he was ordained in 1967. He returned to Guatemala to serve as the parish priest of San Francisco el Grande in Antigua Guatemala, dedicating his ministry to youth and the poor during the country’s brutal 36-year civil war.
According to Father Alvarado, witnesses at the time remember “Fray Augusto” as a joyful man who was tirelessly dedicated to the youth and the suffering in Guatemala. As a talented musician, he taught “Solfa,” a singing technique, which allowed him to connect with young people through music.
Father Alvarado told OSV News that those in the parish of San Francisco El Grande, especially members of the church choir, remembered the Franciscan priest’s jovial demeanor and his penchant for making jokes.
“There’s a story about one member of the choir who would always bother people. His name was Francisco but everybody called him (by his nickname) Paco. And Father Augusto called him ‘Paco Satanas,’ (Paco Satan or Paco the devil),” the vice postulator recalled.
“That man still remembers it to this day, saying; ‘That’s the nickname the father (Father Augusto) gave me. He used to say that I was the only Satan that worked in the Church,'” Father Alvarado said.
However, he wasn’t just known for his cheeky sense of humor. The fondest memories many witnesses told Father Alvarado were of how the Franciscan priest would visit the sick at their homes or at the hospital at all hours.
But what he was best known for was the time he spent at the confessional, sometimes for hours, attending to those seeking the Sacrament of Reconciliation.
“Recently, I found the testimony of one friar who said Father Augusto would do everything in pastoral ministry: as a pastor, as a superior, but where he spent the most time was seated at the confessional,” Father Alvarado said, adding that in Guatemala, especially on Sundays, confessions would begin at 6:30 in the morning, and aside from bathroom or lunch breaks, priests would stay until late in the day in confession.
Sadly, Father Alvarado told OSV News Father Augusto’s torture and subsequent martyrdom were not because of his charitable works or youth ministry, but specifically because of his fidelity to the seal of the confessional.
The events leading to his death began in June 1983, when a former guerrilla leader, who was hoping to accept a government amnesty offer went to Father Augusto for confession. Wanting to help the man reintegrate into society, the Franciscan priest accompanied him to the municipality to obtain an identification card.
However, authorities at the municipality recognized the man from past activities and alerted police, who then arrived and arrested Father Augusto, the man, and his three children, who were accompanying him. They were then handed over to the military, Father Alvarado recounted.
Despite the man’s pleas for the soldiers to release his children and Father Augusto, the soldiers took the priest to a separate room, blindfolded him and had his hands tied.
“It was there that he was tortured to ‘tell the truth’ and say that the man belonged to a paramilitary group,” Father Alvarado said. “Father Augusto told them, ‘It was a confession, I cannot speak about it.’ Then they tortured him; they burned his hands, the soles of his feet and other parts of his body.”
Although he was released after posing for the photo and signing the document assuring he was treated well, from that moment, Father Augusto was marked for death by the government.
He was followed by the Guatemalan government for months and received death threats, and on Nov. 7, 1983, Fray Augusto was kidnapped, tortured and, in an attempted escape, was shot dead by police officers loyal to the government.
For Father Alvarado, that moment in June when Father Augusto refused to divulge the man’s confession is at the heart of his martyrdom: his willingness to suffer physical torture rather than violate the spiritual safety of a penitent.
“For us priests, for the people, it says a lot about how a priest can guard one’s confession to the point of giving his life,” Father Alvarado told OSV News. “This only reinforces the sacrament of confession.”
Through his torture and death, he said, “Fray Augusto has told us that it must be this way; that is what the seal of confession is worth.”
With his beatification confirmed, Father Alvarado told OSV News that he was surprised by a providential coincidence while discussions on possible dates were ongoing between the Archdiocese of Santiago de Guatemala, the Vatican Dicastery for the Causes of Saints, and the Franciscan general postulator.
“For these celebrations, they usually ask that it be a Saturday, not Sunday, so that the majority of the clergy can attend,” he said. However, Father Alvarado noted that the calendar was already filled with other ecclesial events, including beatifications in the United States and Italy.
Upon reviewing the dates available in the year, Father Alvarado was surprised to discover that the only Saturday available was Nov. 7, the same day of Father Augusto’s martyrdom.
“I don’t know how it happened, but it is a Saturday. So we confirmed the date with (Archbishop Gonzalo de Villa y Vásquez),” which will be the 43rd anniversary of his martyrdom, Father Edwin said.
The advancement of Fray Augusto’s cause came as the universal Church celebrated the World Day for Consecrated Life on Feb. 2.
In a letter sent Jan. 29 to religious men and women, the Dicastery for Institutes of Consecrated Life and Societies of Apostolic Life encouraged those in consecrated life, noting that they are called to be a “presence that remains” alongside wounded peoples and individuals, in places where the Gospel is often lived in conditions of fragility and trial.”
(Junno Arocho Esteves is an international correspondent for OSV News. Follow him on X @jae_journalist.)